Cuenta atrás para que los medios empiecen a bombardearnos con el dichoso “síndrome postvacacional”(¿falta de noticias o pura rutina?). Personalmente me parece bastante pomposo el nombre, y hay que recordar que no tiene importancia clínica (los pequeños problemas no son patologías), aunque nadie niega las pequeñas molestias que podemos sufrir por adaptarnos al día a día.

Todos los lunes, y toda la vuelta de puentes, sentimos en mayor o menor medida los efectos de la inercia y desgana de volver a la vida cotidiana, y sobre todo laboral, que nos impone obligaciones en actividad y horarios.

¿Qué te parece si en vez de sufrirlo nos anticipamos y le ponemos solución?

Independientemente de que nos guste más o menos nuestro trabajo (que nos guste es algo muy positivo y ojalá pudiera ser así para todos), un factor clave para volver a la rutina es el sueño, el descanso y lo que conlleva. Por ello, defiendo la teoría de que gran parte de ese proceso de adaptación,(y los problemas que nos da), de la vuelta al trabajo, al colegio, al día a día,  tiene que ver con dos factores importantes:  la ruptura de las rutinas horarias de descanso en vacaciones  y el clima, sobre todo en países tan calurosos como España. El calor excesivo nos impide mantenernos activos como quisiéramos durante el día, por lo cual aprovechamos la noche para “recuperar en cierta medida el tiempo perdido”, y esto lleva inevitablemente a desplazar la hora de acostarnos, trasnochamos, y en consecuencia no madrugamos. Entramos en una dinámica donde vamos desplazando todas las actividades, desde el sueño a la alimentación (¿quién no se ha comido una paella o una barbacoa a las 5 de la tarde?)

Romper la rutina de sueño de vacaciones bruscamente al incorporarnos al trabajo, nos lleva a un desfase horario o jet-lag. De repente nos vemos el primer día de trabajo levantándonos 4 horas antes de lo que hacíamos en vacaciones, y cenando cuando salíamos a pasear. Algo parecido a cuando se hace un viaje largo, sólo que hemos vuelto al trabajo, a la rutina.

Eso no le pasa desapercibido a nuestro cuerpo, se nota,  y genera todo ese malestar al que llaman “síndrome postvacacional”, nuestra dificultad temporal de adaptarnos a un cambio tan brusco.

Como comentaba  antes, me atrevo a decir que la mayor carga del “síndrome” se debe a la alteración del ritmo de sueño, y todo lo que implica (dormir menos horas, insomnio, mal humor, cansancio, poca capacidad de concentración, etc..). Por ello,  cuanto antes restablezcamos un buen ritmo de sueño, mejor nos enfrentaremos a la rutina del día a día.

Como «receta», lo aconsejable sería empezar a normalizar los horarios de sueño 5-7 días antes de incorporarnos a nuestra actividad.

Puedes seguir disfrutando de tus vacaciones, pero restableciendo los horarios de sueño cuando trabajas, y adaptando a ellos la actividad de ocio. No al revés que es lo que hemos hecho en vacaciones. Es decir, levantándote, si es el caso, cada día más temprano y acostándote antes también, olvidándote de trasnochar. Seguirás disfrutando de tu tiempo de ocio, las horas del día no cambian, pero te vas a ahorrar unos días de sufrimiento a la vuelta, así que quizás merece la pena el planteárselo.

Recuerda además los beneficios de un buen sueño:

  • Mejores capacidades cognitivas: concentración, memoria, toma de decisiones, etc
  • Mejor estado fisiológico: menos estrés, mayor control de ansiedad, buen funcionamiento digestivo/intestinal, buen funcionamiento reflejo.
  • Mejor estado emocional. Ánimo más positivo, sentimientos de bienestar, mejor interacción social con los demás.

Resumiendo, si antes de incorporarte al trabajo vuelves a una buena rutina de descanso, tu estado general será positivo, y te adaptarás fácilmente, sin sufrir gran parte de esos efectos negativos que llaman «síndrome postvacacional».

Eso si, la añoranza de las vacaciones nada la quita, para eso no hay recetas,  pero compartirlas con los demás, es una forma de revivirlas. ¡Feliz vuelta de vacaciones!

 

 

Síndrome postvacacional: ¿Y si en vez de sufrirlo le ponemos solución?

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